DIA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER: ALGO MÁS QUE MERA SOLIDARIDAD.

Hoy esto no va de cosmética, va de algo mucho más serio. Siendo el día mundial contra el cáncer y trabajando en lo que trabajo no he podido evitar escribir estas líneas. Así que arrincono los frascos, los tarros y los potingues varios y os voy a hablar de lo que yo creo que es el cáncer. Si estáis de acuerdo conmigo os pediría que lo compartiéseis. 

Acabo de leer un artículo de Risto Mejide sobre el cáncer. Normalmente me gusta bastante como escribe Risto, pero en este caso me da la impresión de que tiene únicamente una vaga idea de lo que es el cáncer. Me parece que muchas veces,  algunos escritores y periodistas  escriben de forma autómata y mecánica intentando ponerse en el lugar de los pacientes portadores de un tumor. Algunos puede que en algún momento de su vida se hayan visto afectados por esta devastadora enfermedad y puedan ser un poco más objetivos. A otros les habrá pasado simplemente al lado pero se creen capaces de sufrir una catarsis y sentir lo que un paciente oncológico sufre desde que le dan la inquietante y paralizante noticia hasta que sus días se apagan rodeado de sus familiares o en la más absoluta soledad de un hospital.

Ni siquiera yo, que soy oncóloga adjunta hace más de 6 años (11 años en total contando la residencia), sé realmente lo que estos pacientes sienten, pero después de haber leído tantos artículos lacrimógenos que lo único que hacen es intentar dar pena o hacernos ver que sienten algo de solidaridad, me creo en el derecho, o incluso en el deber de contar mi realidad, ya que al fin y al cabo veo una media de 20 pacientes al día con cáncer.

El cáncer es M, que tiene 90 años pero parece que tiene 70, con un cáncer de colon con metástasis hepáticas que le consume sus días poco a poco, pero que a pesar de todo, cada vez que viene a la Consulta con su mujer de 87 años, tiene una perfecta sonrisa y unos ojos azules claros que dejan ver su preocupación por si un día él falta.

El cáncer es C, de 52 años, médico al que la jubilación le ha castigado a los 6 meses de su retiro con un cáncer de colon metastásico, pero que a pesar de saber su realidad y su futuro con cifras y porcentajes exactos decide que va a luchar con todas sus fuerzas hasta que no pueda más, mientras su mujer le mira con preocupación y su hijo se queda un paso atrás mirando a ambos y escuchando atentamente todo lo que yo le digo.

El cáncer es F, de 75 años, una abuelita de alguien, pero que cada 15 días viene sola a la Consulta porque no quiere molestar a su familia. Se pone su quimioterapia rigurosamente y llora de alegría cuando le digo que las metástasis del hígado están más pequeñas, y que tras la friolera de casi 20 ciclos le vamos a dar 3 meses de vacaciones. Entonces me abraza fuerte, y me besa en la frente, y ese beso vale absolutamente todas las horas gratis que echamos en la consulta y todos los pacientes sin cita que vemos, porque eso es la vocación.

El cáncer es MJ, de 38 años, una enfermera de nuestro centro que aguantó como una jabata sólo porque quería ver a su hija hacer la comunión. Días después las metástasis pulmonares y hepáticas le hacían dar su último suspiro rodeada de su familia en una habitación del hospital.

El cáncer es JL, un obrero de la construcción con 52 años que tiene el hígado minado de lesiones que han mejorado con la quimioterapia. Que no ha podido meter una baja porque dice que tiene que comer, y tras recibir el veneno en sus venas se va a subir al andamio. Así funciona este país. Pero a pesar de todo coge un piquito de su pequeño sueldo y nos trae un queso a la enfermera de la consulta y otro a mí. Para él probablemente será el queso más caro del mundo, y para mí el mas bueno del mundo. Para él la gratitud no tiene precio.

El cáncer es M, de 62 años, que tenía un tumor tan raro que se lo llevó en 2 meses. M. tenía una familia maravillosa que le ayudó a hablar de su enfermedad, de sus sentimientos, de lo que le preocupaba. M. en su lecho de muerte llamó a un notario y arregló todos sus papeles antes de irse. Se fue tranquilo, con un gesto de paz. Su familia fue tan agradecida que me regaló una cesta llena de geles, colonias y cremas que compraron aun cuando su padre estaba en la cama del hospital esperando a que lo divino se lo llevase. Era tal su agradecimiento que no les importó robar a su padre unos minutos de tiempo para agradecerme  todo lo que había hecho. Fue probablemente el día de mi vida en que me sentí más satisfecha profesionalmente.

El cáncer es I, de 53 años, una enanita acondroplásica maravillosa que viene cada semana a la Consulta con un humor envidiable haciéndonos reír a todos a pesar de que debíamos ser nosotros las que la animáramos. I. tiene un cáncer de mama y un cáncer de pulmón, y viene todas las semanas a ponerse quimioterapia. A pesar de ello es agradecida y feliz, aunque probablemente también tenga sus miedos.

El cáncer es A.M, una chica de 29 años que hace 2 que tiene alas y nos mira desde el cielo. Fue uno de esos malditos cánceres de mama que no deberían existir, sobre todo cuando tienes 29 años. Pero A.M. luchó y luchó hasta que ya no pudo más. Fue la única paciente a la que le di mi móvil personal. 15 días antes de morir me enviaba un SMS dando las gracias por todo, y diciendo que seguía luchando. Tuve la suerte de ir a verla un día antes de su fallecimiento, de darle un abrazo, y de ver su sonrisa al verme aunque ya estaba semi comatosa.

El cáncer es JL, de 70 años, que intentó luchar contra un cáncer de páncreas con metástasis hepáticas. Una lucha que de entrada estaba pérdida, pero a pesar de todo él quería vivir. Murió en casa de su hija rodeado de sus nietos y demás familia, tal y como él pidió antes de solicitar que le durmieran porque tenía verdadero pánico a sentir dolor físico.

El cáncer es M, de 52 años, que tenía un cáncer de mama bastante controlado y sufrió la pérdida repentina de su marido por un infarto. Dos semanas después venía a la consulta vestida de negro y tuvimos que decirle que su enfermedad había vuelto a aparecer. Ahora lucha cada día para sacar adelante a dos hijos sola, además de tener que enfrentarse semanalmente a la enfermedad y a la quimioterapia.

El cáncer es L, una niña de 16 años que tenía un sarcoma de un gemelo con metástasis pulmonares y que a pesar de que luchamos por ella lo que no está escrito, la puñetera enfermedad se la llevo de repente sin avisar. Años después su madre me trajo un diario donde había escrito lo agradecida que estaba por como la había tratado. Mientras, las lágrimas recorrían mi rostro recordándome por qué estoy orgullosa de hacer lo que hago.

El cáncer es S, de 68 años, con un cáncer de endometrio que viene sin cita a mi consulta a las 3 menos 5 y aún así me da igual el hambre que tengo, la veo, la exploro, le hago las recetas y le digo que se pase mañana de nuevo sin cita, mientras ella se va agradecida con una sonrisa en la boca y con menos dolor porque la medicación que le ha puesto la enfermera ya le ha aliviado algo su angustia.

El cáncer es A, de 76 años, que en sus años mozos fue un auténtico desastre y ahora un cáncer de laringe se lo lleva en la habitación del hospital en la soledad más absoluta porque sus hijos no han sido capaces de perdonar las cosas que hizo en el pasado.

El cáncer es A, B, C….y todas las letras del abecedario que corresponden a pacientes que están en revisiones desde hace 3 meses hasta hace 15 años, que han superado la enfermedad pero que a pesar del paso del tiempo siguen sufriendo el miedo a que un día yo les diga que el cáncer ha vuelto.

El cáncer son todas las enfermeras que trabajan en los Hospitales de Día, que se saben los nombres y apellidos de cada paciente aunque no les tocan nada. También todos los oncólogos con vocación que nos dedicamos a ellos aunque dejemos de lado la investigación y los estudios fases III de fármacos prometedores e innombrables, y otras cosas que al fin y al cabo no elegimos cuando escogemos la especialidad.

El cáncer son los voluntarios que vienen a ver a los pacientes ingresados y a los que esperan el tratamiento en la sala de espera y les reconfortan con palabras, café y caramelos.

Podría nombrar a muchos otros, podría empezar y no parar. Pero es que esto es el cáncer, pacientes con nombres y apellidos, con historias que contar, con una identidad, con ilusiones y miedos. El oncólogo forma parte de sus vidas, es a veces la persona más importante de su proceso. Es por esto que decidí ser oncóloga. Por la relación tan estrecha que se establece con el paciente, por como te quieren, por todo lo que te agradecen, por todo lo que te dan.

Por eso creo que en este día mundial contra el cáncer no hay que leer lo que terceros que no tienen ni idea escriben. Lo que hay que hacer es escucharles a ELLOS, tener paciencia con ellos, ayudarles a vencer sus miedos, hablar sin tabúes de sus preocupaciones…pero sólo a ellos, porque nadie como ellos sabe lo que significa la palabra CÁNCER.

 

2 thoughts on “DIA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER: ALGO MÁS QUE MERA SOLIDARIDAD.

  1. Es verdad que la realidad supera con creces a la ficción y el día a día del cáncer sólo lo saben los que conviven a diario con el…
    Qué importante es para los pacientes y sus familiares sentirse acompañados en su enfermedad… y más cuando ésta amenaza su vida. Gracias Dra por estar ahí…
    Mi padre murió de cáncer, pero tuvimos la suerte de poder sentirnos durante toda la enfermedad acompañados y guardo un recuerdo inolvidable del equipo que lo trato hasta el final… en casa… con los suyos…y sabiendo que lo atenderiamos bien, porque detrás nuestro estaba ese equipo de paliativos para ayudarnos con lo que nosotros no pudieramos…

    Desde aquí mis más sinceras gracias a todos los que atienden de esta forma a sus pacientes

    • Me alegro de que dentro de la situación que viviste al menos contases con el apoyo de todos los profesionales implicados. Es lo al menos yo intento cada día con mis pacientes. Un saludo y gracias por tu comentario.

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